En Junio…

Por la noche, en el portal, me crucé con J.L., que volvía de Salamanca, totalmente vestido de playa con una camiseta muy grande, bermudas muy grandes y sandalias de goma y una visera al revés. Más amariconadísimo todavía, por favor, más encantador todavía, por favor. Recién operado de unos bultitos en el pecho, nada importante (¿?) pero deseando bajar. Yo le digo que aunque no pueda jugar o bañarse todavía, baje a descansar, a estar. Las palabras empiezan a sonar absurdas y cuando las escribo más todavía, pero yo me monto en el absurdo muy bien, soy capaz de montarme en el absurdo a caballo del verano y seguir así hasta el infinito. Estoy deseando que me guste, que me atraiga; estoy deseando desearle, quererle, estoy deseando escribir una historia, pero no quiero que sea una tristoria. Algo me dice que ahora no me puede doler nada, que ya no es tiempo de que me duela nada, sino de ser feliz, aún a costa de lo imposible. Me miro al espejo más de lo que debiera para encontrarme más viejo de lo que estoy y sólo me veo moreno, delgado y bello. Probablemente J.L. no me gusta, ni le deseo, pero quiero que se enamore de mí, que me desee, pero no para hacerle sufrir, sino para hacerle feliz. Podría ser mi hermano pequeño perfectamente. No nos dejaran. No nos dejarían. J.L. es homosexual, debería ser homosexual. No puede entenderse con los de su edad porque es superior. A. solucionó la infancia haciendo guerras y organizando batallones y abrazado al piano. No quiero escribir más porque no tengo ganas de escribir. Es domingo por la mañana y está lloviendo por primera vez. Anoche me puse a cocinar otro marmitako para distraerme de esto, porque no sabía qué pensar, porque no me pasa nada, tal vez porque no siento nada y lo que estoy deseando es ponerme enfermo y tal vez no me pongo enfermo porque no bebo y aquella era la combinación explosiva. Y yo querría repetirla.

Chicos gays

Y para qué… para sufrir otra vez, verdad, si estoy mejor sin sufrir, si puedo manejar perfectamente los hilos de todo, si puedo burlarme del tiempo más que nunca, si voy a terminar triunfando abase de cocacola light, si cada vez me cuesta menos vivir, y cortar la hierba y subir la cuesta en bici dos veces al día y ya casi estoy acostumbrado a que me miren tanto por la calle porque voy increíblemente bello, y casi encuentro naturalísimo que se enamoren de mí todos menos Javier, y estoy tan agusto y tan feliz que temo que J.L. sea eso, una perturbación, y no obstante le dejo todas las puertas abiertas y seguramente voy a poner música en la piscina y remos de aluminio en la barca y me barnizo con Rachmaninov como si me bañara en confetti, y navego con una indolencia que hace más atrayente mi …

El sexo me emociona

Debe ser por aquella vez, desde aquella vez. Yo ni sabía que se podía hacer eso con un cuerpo. Comunicarse así, sentirse así, llamarse así sin ruido, soñarse despiertos… hasta entonces yo siempre me había creído que el sexo era una lucha, una lucha donde uno se empeñaba en apoderarse de cosas del otro: de su belleza, de su sonrisa, de su mirada, de su olor, de su reflejo, yo que sé y luego uno acababa, al revés, dejando allí un montón de cosas suyas: su semen, su piel, su sudor, su aliento… pero aquella vez no fue una lucha, fue una conquista a dos, los dos íbamos conquistando la tierra de las islas precipicio a precipicio, monte a monte, verso a verso, luna a luna. Tú imaginate que una noche estás emocionado con la luna y dices bébetela toda ahora, sácale fotos, escríbela, porque mañana desaparece. Y mañana sigue la luna. Y otro, y otro y una madrugada lo que acabas temiendo es que la felicidad te acostumbre, que termine meciéndote así día tras día. Yo he conocido gente así, gente que es tan feliz, tan feliz, que no se entera… Bueno, cuando se fue la luna no se lo llevó todo. Todavía ahora el sexo gay me emociona.

Estabas allí encerrado porque “te ibas a la sierra”. Cogías la furgoneta de tu padre, dejabas atrás Madrid y enfocabas a los montes, a cualquier monte. La furgoneta terminaba siempre quedándose sin gasolina y los de tráfico recogiéndote para llevarte a tu casa. El caso es que sabías perfectamente lo que hacías, pero “un cuerpo tiraba de ti” y era más fuerte que tú. La última vez te encontraron muerto de frío y de hambre, porque habías elegido una carretera demasiado solitaria en pleno invierno, pero no siempre fue tan grave: al principio te contentabas con separarte de los amigos, entrar solo en un bar cualquiera y ponerte a hacer guarradas con el café y el azúcar, salpicando a la gente.

amor entre gays

Te tomaban entonces por un chico mal criado, por un gamberro fino, hasta que un día te dio por desnudarte en un sitio poco recomendable y te creyeron un chapero. Al hombre que te llevó a su casa y te atiborró de pipermín se le cayó el pelo y a ti no te pasó nada. Cuando el cura del colegio entró a buscarte a la comisaría no podía creer lo que veían sus ojos: nadie -ni tú mismo- se había preocupado de vestirte. A los policías aquellos les debió hacer gracia tu desnudez y allí estabas tú, quince años, sentado en una mesa llena de teléfonos, sin más cosa que una gorra de policía en la cabeza y bromeando con todo el personal.

No te echaron del colegio entonces, ya ves. Pero corrió la voz, se enteraron todos y poco a poco empezaste a notar que en tu cuerpo había algo mágico, aunque no lo entendías muy bien. A la hora de la piscina, y en las duchas, te dabas cuenta de que todos iban a por ti, a por tu cuerpo, de mil maneras y con mil disculpas no siempre veladas. Al principio era simplemente algo que te resultaba molesto -tú mismo me lo contaste- y poco a poco se fue transformando en una agradable sensación de dominio. De alguna manera, te gustaba que te buscaran, que intentaran rozarse contigo con cualquier excusa, te halagaba que te desearan y eso te hacía sentirte fuerte.

Tengo aquí delante la primera foto, la de tu ficha del internado. Tenías una cara limpia, una mirada muy azul y muy profunda y unos huesos muy bien colocados, eso es lo primero que se ve en la foto; pero si se mira un poco más dentro se ve también que sabías adoptar una atrayente actitud de vulnerabilidad. Siempre fuiste un maestro en eso de parecer frágil, desprotegido, desamparado. Y no lo eras, no lo estabas en realidad, ni siquiera al principio, la primera vez que te metieron en mi despacho empujándote un poco. Enseguida sonreíste porque me calibraste como a una presa fácil; mientras recogías tu informe de la mesa me estabas mirando a los ojos de una manera infinita, no devorándome, sino para que yo te devorara.
Aquello, a tu edad, no podía ser prefabricado, tenía que ser innato. Siempre he dicho que hay personas que tienen una carga sexual extraordinaria aparte de sus rasgos físicos y tú eras una de esas personas. Estabas en un sitio y parecía que sólo estabas allí para que te acariciaran, para que te envolvieran, para que se fundieran con tu cuerpo. Estabas sentado frente a mí y parecía que sólo estabas allí para que yo te amara y tú te dejaras amar. Sin embargo, estabas allí porque eras “una orquesta sin director”, porque por perfecto que fuera el funcionamiento aislado de tus instrumentos, de tus elementos, la coordinación estaba perturbada y el sonido era siempre discorde. El sonido discorde con frecuencia eras tú en tu cuerpo de efebo peligroso prostituyendo -eso decían- a los que te rodeaban y escandalizando -claro- a los que no podían tocarte. El sonido discorde eras tú enfilando un monte cualquiera, hasta que la noche te engullía y los ruidos secos de tus perseguidores rompían tu idilio desnudo con la tierra seca y la luna mojada. ¿No era eso lo que quisiste contarme aquella vez?, porque además eras poeta y tu vida enferma era poesía, porque en ti -lo supe desde el principio- no podía haber nada sórdido, brutal, ni mezquino.

Así empezó todo. Así abrí tu ficha una tarde hueca en la que llegué a comprender, antes de que anocheciera, que tú no ibas a tener historia, que, a lo sumo, ibas a ser nada más que un episodio dentro de la mía. Todavía no sé si me equivoqué. Entonces yo era -¿lo soy aún?- una especie de pedante inexperta que no sabía muy buen qué hacer con los treinta y tres años que se suponía que tenía, si subir con ellos a los cielos o bajar sin ellos a los infiernos. En aquella maldita serie de tardes huecas sentada frente a ti empecé a verme descolorida, anémica, cenicienta, menuda. Tampoco podía sustraerme, cada vez más, a elucubrar maldiciones en las que siempre estaba presente tu cuerpo rubio; conmigo; sin mí; solos los dos, como efectivamente estábamos; buscándome tú miedoso -paranoia absurda- por los rincones aborrecibles de mi pretendida experiencia; llorando tus ojos inmensos -nunca lo hiciste- sobre mi hombro estúpido de mujercita seca; bañándome con tu cuerpo en la piscina histérica del país de nunca jamás.

Beso entre chicos gays

Así cabalgaba mi cabeza desquiciada mientras tú desgranabas sobre el verde de mi mesa ideas seductoras, pensamientos inconexos, vidas prefabricadas que yo debía definir, clasificar, organizar y solucionar. Hasta que una noche soñé que te ataba, ya que me gustan los tios cachas y que nunca más te iba a dejar salir de allí, que nadie volvería a tocar tu cuerpo más que yo, aunque fuera sólo con los ojos apagados de mi mente. Aquella madrugada clara, sonora de pájaros histéricos, me despertó, por primera vez, bañada en alcohol.

Desde entonces te recibí más o menos borracha, con los ojos más o menos brillantes y los dolores más o menos anestesiados. Entre tú y yo, la botella blanca de Chinchón de la Alcoholera que la madre de mi último esquizofrénico había dejado en el despacho. Ahora tocaba soñar mientras escalaban primaveras increíbles que se atascaban en los estores de las ventanas gemelas. Tu informe se fue llenando de poesía, de versos míos ajenos a ti que yo quería que fueran tuyos porque pegaban más con tu piel impoluta que con mis sueños dolorosos. Cada mañana imposible yo me vaciaba a porrazos histéricos para poder llenarme de ti. Aquella niña blanca que yo fui inventando columpios adversos se apeaba ante ti para ofrecerte cosas raras en un trozo de parque caliente.

Claro que intenté dejar de verte, trasladarte, eclipsarte, o, al menos, desproporcionarte. Creo que una vez intenté reducirte a Peter Pan pidiendo sitio en algún sitio. Por unas horas creí que tú pudieras ser adoradoramente irreal en la película absurdamente inversa de mi vida.
La primavera ya se instalaba en su particular meseta de estallidos cuando empecé a fotografiarte. Al principio fue una broma, un segundo mágico de la polaroid, que me sorprendió porque era capaz de colocar todavía mejor el perfil de tus huesos en el recorte de mis paredes desnudas. Después fue una obsesión: se me acababa el lienzo corto de las paredes vacías y de mi alma lisa para llenarlo con tus imágenes sublimes de demonio bello. Tú te reías cuando entrabas y te veías reflejado en todas partes, en todos los tamaños. Demonio bello. Mi demonio bello…

 

Sentirse solo

Amor entre gays
He abierto este blog y no he tenido mucho tiempo de actualizarlo. No es que el anterior apunte fuese demasiado polémico, pero la verdad es que esperaba alguna respuesta que hasta hoy no ha habido. Yo sigo escribiendo, aunque esto acabe por convertirse en un diario electrónico. Que tampoco está mal.
Me resulta muy chocante lo huraño que soy en la vida real con las personas, y lo mucho que necesito la comunicación en el mundo de internet. Encontrar gente con la que hablar y compartir me hace sentir menos solo. Aunque no sean una realidad tangible: salir a tomar algo, ir al cine, pasarse un libro… En chats de poco contenido intelectual (ya me entendéis) he encontrado en los últimos tiempos a dos chicos muy jóvenes que tenían capacidad suficiente como para hablar con referencias cultas sin tener que estar explicándolo todo. Hemos pasado un rato agradable de charla. Y ya está: pero reconcilia. Supongo que este blog también lo escribo para eso, para que la gente que tiene más que decir que lo que vemos en la “sociedad gay visible” podamos comunicarnos.
¿A que parece una invitación a que me contestéis si estais de acuerdo? Creo que el diálogo es más interesante que lo que yo pueda decir como si fuese una “prima donna” de la escritura. Depende de lo que me pase, de lo que me digáis el blog puede evolucionar de distinta manera.
Aunque como soy orgulloso no quiero pensar que os estoy sugiriendo que escribáis.
Soy un hombre, de 28 años, soy maricón y no tengo pareja. Pero lo que de verdad soy es todo lo demás que voy a compartir en este blog, que forma parte real de mí. La sexualidad es un complemento cirstancial. Por mucho que apremie…
Vengo de un concierto de escuchar en directo la Quinta Sinfonía de Shostakovich. La personalidad de este hombre atormentado, doliente, y sufridor, en medio de la dictadura de Stalin, viendo como desaparecían sus amigos porque eran torturados y matados, y lo que es peor, el ideal de revolución a la que asisitó resultó ser seguramente el desengaño más grande, al ver que aquello se convertía en un régimen dictatorial insensible. Pero él sale tan bien parada a través de cierto humor, de cierta capacidad de sátira, con una música tan demoledora emocionalmente… Qué listo fue, que supo engañar a los censores… El scherzo es diabólico y mordaz.

Perdidisimo y con novedades

Vaya estrés de mes que llevo. La verdad es que no he dado para más, porque termino muerto del hospital (que por cierto, está guapísimo, porque eso de hacer uno las cosas mola, y se me pasa el día rapidísimo), que si voy al gym, almuerzo y ceno… pues básicamente no tengo tiempo ni para ir al baño, pero bueno. Así que disculpen el salvajismo actual.

Estaba planteándome si escribir algo esta noche, porque en principio no pensaba que tuviera nada nuevo que contar, pero es que la verdad, un par de cosillas sí que hay.

Nada, como ya había dicho, en el hospital genial. Como mi adjunto se fue de vacaciones, me cambiaron y me pusieron con una tipa que tiene una pinta de ruda que lo flipan, y yo me pensaba que se me iba a atravesar, pero nada, resultó ser una persona de putísima madre, aunque me tuvo currando todo el tiempo, pero eso está bien, porque sinceramente, he aprendido mucho más en estas dos semanas que de lo que llevaba con el otro (que aprovecho para decir que todas las pibas están pilladas por él, y he de reconocer que el tipo es guapillo, aunque en un plan más bien hetero).

Lo peor que llevo son las guardias de urgencias, que estoy contando las que me quedan como el recluso que espera el día de ser libre (que son 23, antes de empezar con las de psiquiatría, que son más relajadas), porque es un poco horrible. Eso de pasarme prácticamente toda la noche sin dormir… Porque mientras estás haciendo cosas, pues aunque cansa, pero por lo menos se te pasa rápido el tiempo. Pero a partir de las doce o la una de la madrugada, cuando ya sólo llegan a cuenta gotas… Ahí es donde empiezas a morirte poco a poco. Y últimamente tienden a repartir la guardia cada vez más tarde, con el consiguiente perjuicio en las horas de sueño. Y bueno, aquí llega la carnaza 🙂 Hará cuatro guardias más o menos, conocí a un enfermero. La verdad es que noté que el tipo era demasiado amistoso para conmigo (siempre trataba de hablar conmigo, de estarme toqueteando un poco -que hasta me medio tocó el culo para subirme el pantalón-). Antes debo aclarar que ni estoy todo buenorro ni voy por la vida de diva creído, pensando que todo el mundo está por mí. Así que sigo. Nada, esa noche todo quedó ahí.

Luego volvimos a coincidir en otra guardia, y aunque él estaba en el servicio de ambulancias, se pasó todo el tiempo que estuvo en el hospital pasando consulta conmigo (cuando podía estar descansando o haciendo cualquier otra cosa), y aprovechaba cualquier momento para tocarme (cosa que de base me pone tenso, y al pensar que a lo mejor estaba tanteando el terreno, pues más tenso me ponía yo). Al final de la noche, cuando se iba a ir me pidió el número de teléfono, y yo ingenuamente se lo di. Por cierto, otra aclaración, y es que (aunque me daría igual que se me notase) no tengo pluma ni doy la impresión de ser homosexual (salvo que me vean con mi novio, que de cómo estamos juntos pues se termina deduciendo), y entonces eso me mosqueaba también, porque no sabía si es que él sabía algo o simplemente era el sexto sentido ese que tenemos nosotros. Así que, a los pocos minutos de marcharse me manda sms diciéndome como que había disfrutado mucho con mi compañía esa tarde, y ese fue el comienzo de una serie de sms que, bajo mi inexperto criterio, son los típicos usados para cortejar. Luego me decía de quedar en el hospital a tomar un café, invitaciones que rechacé.

Finalmente el sábado surgió el tema de que él era gay (cosa que no dudaba) y terminé diciéndole que yo tb, y que tenía novio desde hacía casi tres años ya. Y en ese momento los sms se redujeron drásticamente, hasta el martes que nos cruzamos por el hospital. El día antes yo me había rapado al 2, y nada, al vernos pues hablé casi nada y le dije que tenía que dejarle, por si se reviraba mi adjunto (más que porque se revirara, porque no me gusta llegar después que él); entonces al poco de despedirnos me mandó un sms diciéndome que estaba muy guapo. Yo le respondí que no flipase y le cambié de tema, a lo que me respondió “Tú crees que flipo? Yo sólo digo lo que veo”, y a eso yo ya no he respondido. No sé qué hacer, si seguir como si nada o decirle algo. Otra aclaración para los malpensados es que yo con él no quiero nada, yo soy de estar con una persona sólo y con la que estoy sé que es el hombre de mi vida. Aunque he de ser sincero, y debo decir que esta situación me ha subido el ego.

Y ya luego está otro chico del gimnasio, que hace algo menos de un año empezó como monitor de spinning de algunas horas sueltas y de fines de semana, y siempre intentaba hablar conmigo. Además, que tenía posibilidad de hablar con otros, y siempre trataba de entablar conversación conmigo. Y después de varios meses, lo he vuelto a ver en el gimnasio ayer, y no sé, me impresiona de querer tema. Aunque este sí que no lo tengo tan claro, y posiblemente sea que ya me lo estoy creyendo un poco. Es que yo no estoy acostumbrado a triunfar (bueno, salvo con el novio que tengo, que entre otras cosas, está todo wenorrillo). Así que no sé, tal vez sea que el pibe es sociable simplemente.

Nada, mejor lo dejo ya, que esto empieza a ponerse chasquosillo. Ya comentaré otras novedades que me han ido ocurriendo.

Es una lata el trabajar

Pues sí, la época dorada en la que me rascaba los huevillos a dos manos está llegando a su fin… Ya he firmado mi primer contrato!! Ocurrió ayer. Ya soy un proletario más, despojado de todo lo bueno que tenía el ser estudiante y ganso a la espera de empezar el curro. Dicha firma, y a pesar de no tener una idea de cómo debería haber sido, la verdad es que pensándolo ahora, fue muy poco glamourosa. Dar par de papeles, firmar otros tantos (que estaban impresos en las hojas esas continuas de la reconquista) y para sus respectivos domicilios. Debería haber caído confeti y globos, y la gente toda happy cantando y felicitando a uno… Momento paranoia total!!.
Luego fue la presentación oficial en el servicio. La verdad que estuvo bastante bien, salvo el hecho de haber tenido que levantarme antes de las ocho (cosa que no hacía desde… hará dos años de la última vez??). Espero que sea verdad eso de que los residentes de psiquiatría son de los que mejor viven y todo eso, aunque ya el tema de las guardias como que hizo que me replanteara la verosimilitud de dicha aseveración. Los compañeros eran guays -que no gays-(básicamente porque ya conocía a dos por estar en mi clase), aunque hubo un chico un tanto peculiar. Pues sí, el cuarto residente en discordia era un tipo de unos 30 (aunque mis dotes de datación normalmente dejan un poco que desear), sudamericano (de vete a saber dónde), supongo que guapo (más por los comentarios escuchados que porque yo lo crea, porque según mis cánones la verdad es que de atractivo tenía menos dos) y un tanto chulillo, además, que desfasó un poco yendo con traje y corbata, cuando todos allí íbamos en plan chiquillaje, con ropa informal. Y lo más fuerte ya era que fue a piñón con una chica, que resultó ser su compañera de hospital (porque nos tuvimos que repartir entre los dos hospitales de la zona) y que la pobre quedó un poco acojonada. Pero bueno, ya iremos viendo la evolución.
Y nada, yo esperaba que me tocase otra persona de “compi”, pero al final parece que había prejuzgado mal a la que me tocó. Vale que no vamos a llegar a ser íntimos, pero creo que nos llevaremos bien y que no habrá problemas entre nosotros.
Y para terminar mi día, estuvo la charla de rigor y la presentación oficial en el servicio de interna, que es en el que tendré que rotar los tres primeros meses. Cruzando los dedos estoy de que no me toque un bastardo como adjunto, que me tenga avasallado sin realmente hacer nada, y que no me deje librar las guardias. A ver qué tal me va. Sé que lo peor que voy a llevar va a ser lo de madrugar y lo de las guardias, pero espero habituarme pronto. Por lo pronto, tengo el día de hoy como jornada de reflexión, para empezar mañana a currar como los niños grandes.

Ahora leyendo esto, me doy cuenta que mi vida es un poco patética (y por no hablar de mis dotes literarias), pero bueno, la mediocridad puede llegar a ser una virtud (crucemos los dedos).

Nos vimos, gente.

Vuelta a la vida internautica

Después de dos meses de no parar, estamos otra vez aquí, contando traumas y vicisitudes de la vida diaria 😛 La verdad es que he estado muy estresado, entre la elección de plaza en Madrid, un viaje a Fuerteventura, fines de semana fuera de casa… O sea, que ni tiempo ha habido para poder escribir, pero bueno, todo será retomar el contacto con las nuevas tecnologías. Ahora que lo pienso, ha sido más la vagancia que lo que realmente haya estado haciendo, pero si yo me convenzo que ha sido por estrés, puer queda algo mejor.

Ya por fin me decidí por la especialidad a escoger, que aunque se tuvieron dudas hasta cinco minutos antes, al final me mantuve fiel a mi decisión original, y cogí Psiquiatría. No sé si habrá sido la elección correcta, pero por lo menos espero que me vaya bien, y que puedan cumplirse mis proyectos.

Después de esa semana en Madrid (que he de repetir, porque me gustó mucho y además, tuve la oportunidad de conocer en persona a un amigo internáutico desde hacía casi tres años), me fui a pasar unos días a Fuerteventura, con más pena que gloria diría yo, porque hubo unos problemillas de convivencia con los “compañeros de viaje” (que en honor de la verdad, los problemas ya habían empezado con la organización del mismo meses antes, pero siempre uno confía en equivocarse y pensar que al final todo irá bien aunque realmente sepas que no va a ser así), que ya contaré en otra ocasión, pero que obtuvieron como conclusión que no vaya a hacer ningún viaje más con ellos.

Y finalmente, tras algún fin de semana fuera, con los colegas y el chorvillo, y algún que otra indignación, pues mi vida ha tenido poco más que contar en este tiempo. Espero encontrar algo de tiempo para comentar mis problemillas, indignaciones y buenas nuevas que me han ocurrido en este tiempo, y que me puedan ir ocurriendo. La verdad que por falta de tiempo no será, puesto que mi novio ahora empieza una época chunga en el curro y va a tener que trabajar de lunes a lunes durante los próximos dos meses, y una de mis mejores amigas se va a la Península a trabajar… pues que voy a tener bastante tiempo libre. Por lo menos, en parte tendré ocupado el tiempo con el trabajo, pero nada, ya se irá viendo como suceden los acontecimientos.

No hay mal que por bien no venga

Llevo una semana tratando de conectarme para escribir lo que me ha pasado tras mi última incursión blogística. Al escribir la última vez sobre la salida del armario, parece que se removieron los trapos sucios que cada uno de nosotros tiene en el subconsciente, quedando a la vez una sensación como de haberme quitado un peso de encima y también de indignación. Tal vez fuera por este estado de alteración mental transitoria lo que hizo que me sintiera más susceptible, pero la cuestión es que al poco tuve la oportunidad de “hablarlo” con mi madre.

La situación fue la siguiente. Ya hace dos viernes, debido a un problema con las carreteras, tuve que pedirle permiso a mi madre para que dejara quedarse a mi novio ese mismo día (además de los ya clásicos sábados) y se quiso revirar, diciendo que ya los viernes también no, que no quería estar teniendo “desconocidos” en casa… Bueno, se pueden imaginar la indignación que me cogí, y lo bueno fue que esta vez en vez de desviar la conversación por otros derroteros, para intentar salirme esta vez con la mía pero sin la confrontación, pues se cogió el toro por los cuernos y le pregunté que qué coño le pasaba ocn el chiquillo, que qué le había hecho, y que porqué había dejado a los novi@s de mis herman@s pulular por casa como habían querido y que ahora a mí me anduviera siempre poniendo pegas. Parece que no se lo esperaba, y entonces hubo que seguir por ese camino, y le dije que no veía lógico que a ellos sí y a mí no, cuando la situación -a todos los efectos- era la misma, que ya había creado un precedente. Le pregunté que si me odiaba (vale, este fue el momento más melodramático del momento), y que yo ya sabía que se avergonzaba de mí, pero que no fuera tan descarada. Que me parecía irónico que no se alegrara por mis logros y que se avergonzara de mí, cuando yo en ningún momento me había avergonzado de ella delante de mis amigos porque ella no hubiera podido estudiar, y las madres de estos fueran profesoras, médicos, abogados… Me dijo que cuando lo dijo fue porque al salir de mi orla mi padre nos vio a mi novio y a mi con el brazo por encima (que fue lo menos que pudieron ver, todo sea dicho), que fuese lo que quisiera pero que no diera espectáculos. Esto me terminó de hervir, y le dije que no fuera tan sucia y dejara de ver cosas raras donde no las había (en momentos como estos es cuando pienso que debería haber tenido pluma o haber sido una locaza, para que no se hubieran creado unas falsas expectativas y fuera evidente todo). Y ya para terminar, que me jodía que me echara en cara que yo a ellos (mis padres) como que no les quería, cuando sabía ella que cuando ingresaron a mi padre, siempre el que se quedaba o iba a quedarse era yo, que el que me preocupo por todo siempre soy yo… mientras que mi hermano, por ejemplo, se pasa meses sin llamar o venir por casa, salvo que no tuviera un problema; o que yo he dejado de mirar a la mujer de mi hermano e hijos por haber dicho que mi madre era persona non grata en su casa, que si eso era no quererle, que bajara dios y lo viera. O que mi hermana siempre estuviera organizando a todos los demás para que nos quedásemos en el hospital, pero ella sólo iba, como mucho, de 9 a 5.

Pero nada, al final parece que me salí con la mía en las dos batallas. Se pudo quedar, y ahora está más suave que una pianola mi madre. Veamos cuánto dura la situación esta, pero lo que ya tengo claro es que no me voy a quedar callado, que las úlceras para quien las quiera, que no me las voy a quedar yo todas por no agraviar a los demás.

Momento salida del armario

Ya va a hacer casi dos años de mi salida del armario, bueno, en lo que a mi madre se refiere (y por extensión, un poco a mi familia). He de reconocer que fui un poco salvaje, que ni esperé el mejor momento, no tuve tacto… pero yo creo que ha tenido un buen fin (aunque supongo que no el mejor de los posibles).

Como ya dije, hace cosa de dos años fue cuando ocurrió todo. La verdad que llevaba ya un tiempo planteándome el decirlo a alguien, porque hasta ese momento nadie lo sabía por mí (quienes lo sabían era o por ser amigos de mi novio o porque yo ya los había conocido por medio del chat, y aunque esto ya implicaba el aceptar un poco la cuestión, no tiene para nada las implicaciones del que se enteren por uno mismo), pero nunca había tenido los huevos de hacerlo. Ya había dejado de esconderme tanto, lo cual ya conlleva a una forma pasiva de salir del armario, pero aún me aterraba el decirlo. Y si lo pienso, el motivo no era tanto que me pudieran rechazar por ser homosexual, maricón, gay o cualquier sinónimo que se le pueda ocurrir a uno (que en cierto modo me la suda), sino más bien por que me empezasen a considerar como a un ciudadano de segunda, menos hombre…

Pues bien, la noche antes del día D tuve una conversación con mi novio en la que me echaba un poco en cara que él me hubiera presentado en calidad de novio a su familia, mayoría de amigos, etc, y que yo no lo hubiera presentado a nadie de “los míos”. En parte está que en mi etapa de “trabado” por el tema de ser gay me había distanciado de las amistades previas y evitaba establecer vínculos nuevos, por lo que tampoco es que hubiera mucho que presentar, aunque lo que había me daba vergüenza que lo supieran. Pues esa noche del cabreo que me cogí no pude casi dormir, y a casi a las siete de la mañana, aprovechando que mi padre se había levantado a hacer el desayuno, fui a la cama de mi madre y le solté la bomba.

– Mamá, te importa si puede venir un amigo mío a almorzar?
– Sí, claro, no hay problema.
– Y si te digo otra cosa no te enfadas? O sea, si te digo quién es no te enfadas?
– Qué ha pasado? No no, dime.
– Pues… Que ese… amigo, ehm… es mi… novio.
(Momento de silencio, y mirando cada uno al techo)
– O sea, que eres gay?
– Sí.
– Y quién más lo sabe? Nada, tú puedes ser lo que quieras, no pasa nada, pero que nadie se entere. A tu padre no se lo podemos decir, si no quieres que le dé algo (cuando yo creo que es mi padre el que en cierto modo mejor lo llevaría). Yo acepto que seas lo que seas, pero no deberías estar con nadie… Y a ver si vas a estar con uno hoy y con otro mañana… Y a ver si no te vas a coger un sida o algo de eso…
(Hombre, reconozco que no me esperaba un momento Walt Disney, pero tampoco me esperaba algo así. Como no me había planteado nada de lo que podría pasar, pues me quedé mudo, sin argumentos ni nada que decir. Lo único es que empecé a llorar como un gilipoya).
– Y por qué lloras? No seas bobo, yo sólo te digo eso. Y lo del almuerzo, mejor dejarlo para otro día, que hoy hay mucho jaleo en casa. Si eso, vayan a comer por ahí que yo invito.
(Sé que aquí me indigné un poco, me puse en plan víctima y me fui a duchar para irme a prácticas).

Después de ese momento, me pasé casi un mes sin poder mirarle a la cara, parte por vergüenza y parte por indignación. La verdad que me jodió bastante lo que dijo, hasta el punto de decirle que me arrepentía que hubiera ido a mi orla, que suponía algo que había sacado con mi esfuerzo, y que si ella se avergonzaba de mí, pues que preferiría que no hubiera ido a mi orla. A lo que me contestó que ella también se arrepentía.

Todo eso se me ha quedado bastante grabado, y aunque ya hace casi dos años de todo esto y aunque parezca que ya está superado, sé que algo ha quedado. La relación entre mi madre y yo se ha normalizado (mi novio incluso suele pasar los fines de semana en mi casa y todo), pero no creo que vuelva a ser como antes, tanto por ella como por mí. Reconozco que me ha marcado, que ahora soy más frío con ella, me da igual no pasar tiempo en mi casa, solemos discutir con cierta asiduidad… Pero bueno, todavía tengo que terminar de aceptarme para poder empezar a reprocharle ciertas cosas (no le quiero imponer que me acepte ni nada por el estilo, pero lo único que quiero es tener los mismos derechos que mis hermanos y también demostrarle que estaba equivocada en todos sus prejuicios).

En cuanto al resto de la familia, pues nada, mi padre no creo que sea bobo, y que una vez se indignara en los comienzos (despés de haberlo dicho) porque me vio con mi novio con el brazo por encima, me indica que lo sabe, pero yo no he tenido el valor todavía de decirlo. Mi hermana creo que también lo sabe, parte porque mi madre le cuenta todo, y parte porque no creo que sea boba. Además, que una vez me dijo que “ustedes están juntos para lo bueno y para lo malo”, así que si con eso no me quería decir que lo sabía… pues no sé yo. Y mi hermano, no sé si lo sabe, y por mí tengo muy claro que no se va a enterar (porque no se lo voy a decir, no porque me vaya a ocultar por él). Y sobre el resto de gente… Eso será otra historia 😛

Hay que echarle valor

Llevo un tiempo replanteándome la cuestión de este blog y hoy me he dicho que hay que echarle valor al tema, aprovechando que se tiene un día de esos guays, en los que te ves capaz de romper un mundo. Lo que ha pasado es que me había empezado a dar mosca que puedan reconocerme por este medio, pero bueno, tampoco es que cuente nada malo sobre terceras personas (por cierto, a ver si un día les hablo de mi novio, que es la persona que más quiero en el mundo), sino simplemente lo que pienso y cómo me siento, así que va a haber que atender más a menudo este blog, porque no va a haber otra forma de irle perdiendo miedo al que dirán y esas cosas.

Y nada, ya por variar un poco el tema, llevo unos días de dudas existenciales sobre la elección de especialidad. Me jode un poco, porque hasta hace una semana lo tenía más o menos claro (salvo pequeños periodos de inestabilidad mental transitoria), pero ahora han vuelto a aflorar y con más aliados, que parece que hay otras posibilidades que no había querido tener en cuenta y que me atraen. Aunque en un principio me alegré de haber obtenido un puesto mucho mejor del que me esperaba (con el que tendría más o menos asegurado la posibilidad de realizar psiquiatría en mi ciudad), ahora me arrepiento un poco de que así haya sido, porque ha motivado que tenga dudas sobre especialidades que en principio ni me había planteado. Lo que más me llama es el poderme especializar en homosexualidad, y por eso siempre se ha mantenido la primera opción, pero la verdad es que no sé qué hacer. 🙁

Buenos días…

Ufffff, vaya estrés de vida ultimamente que ni me he podido conectar a esto, pero bueno, a ver si poco a poco me vuelve la sociabilidad. Por fin han salido las notas del mir, y parece que ha habido suerte, aunque hasta abril no estará todo decidido. Así que parte de mi estrés del último mes y medio parece que se va disipando, aunque se ha quedado en forma de un mal humor e irritabilidad permanente. Esperemos que termine por desaparecer en breve, que no me gusta ni ser ni estar así. Lo que hace falta distraerse, porque eso de estar deseando que llegaran estas vacaciones y estarlas desperdiciando vilmente… como que no se puede.

Chacho, que se me hace tarde. Ya volveré por aquí y les contaré más traumas 😛

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