No hay mal que por bien no venga

Llevo una semana tratando de conectarme para escribir lo que me ha pasado tras mi última incursión blogística. Al escribir la última vez sobre la salida del armario, parece que se removieron los trapos sucios que cada uno de nosotros tiene en el subconsciente, quedando a la vez una sensación como de haberme quitado un peso de encima y también de indignación. Tal vez fuera por este estado de alteración mental transitoria lo que hizo que me sintiera más susceptible, pero la cuestión es que al poco tuve la oportunidad de “hablarlo” con mi madre.

La situación fue la siguiente. Ya hace dos viernes, debido a un problema con las carreteras, tuve que pedirle permiso a mi madre para que dejara quedarse a mi novio ese mismo día (además de los ya clásicos sábados) y se quiso revirar, diciendo que ya los viernes también no, que no quería estar teniendo “desconocidos” en casa… Bueno, se pueden imaginar la indignación que me cogí, y lo bueno fue que esta vez en vez de desviar la conversación por otros derroteros, para intentar salirme esta vez con la mía pero sin la confrontación, pues se cogió el toro por los cuernos y le pregunté que qué coño le pasaba ocn el chiquillo, que qué le había hecho, y que porqué había dejado a los novi@s de mis herman@s pulular por casa como habían querido y que ahora a mí me anduviera siempre poniendo pegas. Parece que no se lo esperaba, y entonces hubo que seguir por ese camino, y le dije que no veía lógico que a ellos sí y a mí no, cuando la situación -a todos los efectos- era la misma, que ya había creado un precedente. Le pregunté que si me odiaba (vale, este fue el momento más melodramático del momento), y que yo ya sabía que se avergonzaba de mí, pero que no fuera tan descarada. Que me parecía irónico que no se alegrara por mis logros y que se avergonzara de mí, cuando yo en ningún momento me había avergonzado de ella delante de mis amigos porque ella no hubiera podido estudiar, y las madres de estos fueran profesoras, médicos, abogados… Me dijo que cuando lo dijo fue porque al salir de mi orla mi padre nos vio a mi novio y a mi con el brazo por encima (que fue lo menos que pudieron ver, todo sea dicho), que fuese lo que quisiera pero que no diera espectáculos. Esto me terminó de hervir, y le dije que no fuera tan sucia y dejara de ver cosas raras donde no las había (en momentos como estos es cuando pienso que debería haber tenido pluma o haber sido una locaza, para que no se hubieran creado unas falsas expectativas y fuera evidente todo). Y ya para terminar, que me jodía que me echara en cara que yo a ellos (mis padres) como que no les quería, cuando sabía ella que cuando ingresaron a mi padre, siempre el que se quedaba o iba a quedarse era yo, que el que me preocupo por todo siempre soy yo… mientras que mi hermano, por ejemplo, se pasa meses sin llamar o venir por casa, salvo que no tuviera un problema; o que yo he dejado de mirar a la mujer de mi hermano e hijos por haber dicho que mi madre era persona non grata en su casa, que si eso era no quererle, que bajara dios y lo viera. O que mi hermana siempre estuviera organizando a todos los demás para que nos quedásemos en el hospital, pero ella sólo iba, como mucho, de 9 a 5.

Pero nada, al final parece que me salí con la mía en las dos batallas. Se pudo quedar, y ahora está más suave que una pianola mi madre. Veamos cuánto dura la situación esta, pero lo que ya tengo claro es que no me voy a quedar callado, que las úlceras para quien las quiera, que no me las voy a quedar yo todas por no agraviar a los demás.